DIARIO #6 INTRODUCCIÓN AL ZAPATISMO EN SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS

Antes de empezar con este diario de viaje que pretende ofrecer al lector una breve introducción al zapatismo, quiero recordar que este modesto trabajo ha sido realizado por el europeo recién llegado a México que soy, con una mirada externa y nueva en la cual apenas entró la luz de un movimiento que, si me llamaba la curiosidad desde hace muchos años, al momento de escribir estas líneas me parece ser la organización anti-capitalista más interesante e importante de estas últimas décadas.

Siendo consciente de que estuve siempre muy lejos de poder entender del todo la realidad Zapatista, una lejanía tanta física como espiritual, me doy cuenta ahora de que he sido manipulado por parte de los medios de comunicación europeos, totalmente silenciosos sobre el tema, por los medios alternativos también, que muchas veces son desconectados de la cuestión de la gestión comunitaria de la tierra, y debo reconocer que he sido confundido por los numerosos “simpatizantes zapatistas” extranjeros que tienen tendencia a idealizar el indígena encapuchado.

Llegando a México, mis expectativas han sido reducidas y distorsionadas porque la mayoría de los testimonios que he podido escuchar sobre el tema se esforzaban en minimizar drásticamente la amplitud de este movimiento. Sé ahora que fueron reproducidos mecánicamente por gente que tenían más ganas de protagonismo que una verdadera idea de lo que hablaban. Es que, al igual que en el extranjero, reinan en los medios de des-información mexicanos la diversión y la contra-información ¿Cuántos mexicanos (fuera de Chiapas) creen que el movimiento ha muerto hace años o que sólo resisten dos o tres comunidades perdidas en las montañas?

Aquí, en Chiapas, pude enfrentarme verbalmente con algunos ¨coletos¨, los residentes originarios de San Cristóbal, y constatar que muchos de ellos son antizapatistas, al igual que la policía y todo el Establishment, quizás por quedarse traumatizados desde la época de las balas, las bombas y las expropiaciones. Hasta los propios textos zapatistas vienen con su lógica autocensura que refleja una comprensible precaución al momento de comunicar detalles sensibles, sin hablar de los delirios poéticos de su líder Don quijotesco a veces difíciles de entender del todo. Entre la propaganda de unos y la ignorancia de otros, resulta tarea complicada hacerse una idea propia de este misterioso movimiento y acercarse a su realidad.

Mi visión empezará a aclararse una vez en San Cristóbal de las Casas, visitando los lugares afines al movimiento y encontrándome con colectivos realmente enredados y comprometidos con dichas comunidades. Muchos de ellos son adherentes a la ¨Sexta¨, declaración que plantea a toda la izquierda mexicana una propuesta muy concreta para la organización política en México. Será final y solamente conviviendo con los mismos campesinos rebeldes que podré sentir la fuerza real de este viento revolucionario empujándome por la espalda, abajo y a la izquierda como dicen. Me parece entonces importante adaptar el enfoque de este texto a la medida de mi propia curiosidad y alumbrar el camino necesario que uno tiene que andar para poder encontrar su propia verdad en un mundo en constante pérdida de sentido. Por eso el uso de la primera persona con este estilo familiar característico de mis diarios de viaje.

Comentando la gran falta de información sobre la realidad zapatista al extranjero pero también dentro de la población mexicana, una amiga me respondió: “Él que quiere enterarse se entera”. Me resulta difícil estar en contra de tal afirmación y sé que al nivel personal y desde Europa no puse lo suficiente interés en la causa. Sin embargo, estoy ahora persuadido de que si más gente supiera de la real amplitud de este movimiento, de las miles de comunidades que están actualmente en resistencia y de todos los logros que realizaron durante estos últimos veinte años en su camino hacia la autonomía (educativa, medicinal, alimentaria, securitaria, y un largo etcétera), estas luchas recibirían más apoyo y sus ideales contaminarían rápidamente a toda la república. Frente a las sofisticadas campañas de desinformación o de negación de un movimiento que veo más fuerte que nunca, intentaré, con este primer relato y todos los que seguirán sobre el tema, acercarme lo más posible a esta realidad para que un máximo de personas pueda enterarse de ella.

 

Según lo que todos mis amigos me prometieron durante estos últimos meses de turismo intensivo en el Sur-Este mexicano, San Cristóbal de las Casas, ex-capital del Estado de Chiapas que sigue siendo su centro político, iba a ser mi hogar, en donde me podré encontrar (por fin) con activistas y colectivos anarquistas, pero sobre todo, donde podré hallar una manera para lograr observar desde adentro las polémicas comunidades zapatistas, una de las principales razones por las cuales he decidido emprender mi gran viaje hacia México. Efectivamente, tan pronto como durante la primera noche de mi estancia en el baratísimo hostal “Ruka Che”, las discusiones caen rápidamente en terrenos políticos y, de verdad, hacía tiempo que esperaba eso. Dos italianos acaban de llegar con el mismo objetivo de integrar esas comunidades que viven en tierras liberadas por el Ejército de Liberación Nacional (EZLN) y su carismático subcomandante Marcos en enero del año 1994.

Para saber más de la historia de este último movimiento revolucionario del siglo veinte, encontrarán mucha información actualizada en Internet, pero les aconsejo la lectura del libro de Carlos Tello Díaz “La Rebelión de las Cañadas”, una de las investigaciones más documentadas que he podido encontrar sobre los orígenes, causas y razones del zapatismo. Leí varias cosas sobre el tema antes de lanzarme del otro lado del océano pero nunca como durante este viaje. A la hora de escribir estas líneas, esta introducción al zapatismo desde las montañas del Sureste mexicano, me gustaría citarles un pasaje del libro que estoy devorando ahora, una obra no tan amigable pero de una gran inteligencia y con el sofisticado estilo de un Jorge Volpi que acabó de descubrir. Titulado de manera astuta “La Guerra y las Palabras”, les compartiré solamente las conclusiones a las que llegó el autor en su análisis personal de la Primera Declaración de la Selva Lacandona, declaración de guerra hacia el Ejército Nacional Mexicano redactada por el “sub” en nombre de todo el pueblo mexicano (ni más, ni menos) y que se repartió en las calles de un San Cristóbal nuevo.

“Al compararla con documentos similares de otros movimientos guerrilleros, la Declaración de la selva Lacandona resulta atípica. En primer lugar, en ningún momento se habla de “comunismo”, “socialismo”, “lucha de clases”, “dictadura del proletariado” o “izquierda”: el movimiento, en estos instantes, no busca una clasificación ideológica concreta, sino que prefiere refugiarse en un nacionalismo a ultranza. Ideológicamente, el EZLN va sobre seguro: sus demandas de justicia, democracia y soberanía nacionalista no se alejan demasiado de los programas políticos del PRI o del PRD. En los tres casos, la legitimad política se basa en principios idénticos; las tres organizaciones compitan no solo por los mismos espacios, sino incluso por los mismos significantes.

No obstante, a posteriori llama la atención una ausencia notable en este primer comunicado del EZLN: a lo largo del texto no se menciona ni una sola vez la palabra “indígena”. ¿La razón? Pueden aventurarse diversas hipótesis. La primera: tal vez Marcos no quiere ver reducido el EZLN a un mero fenómeno local y por ello evita hacer referencia explícita a la condición indígena de sus miembros. Pero también existe otra posibilidad: aunque en las semanas sucesivas la defensa de los indígenas se convertirá en la nota dominante en el discurso zapatista, es probable que al principio no fuese uno de los puntos prioritarios de los ideólogos del movimiento, unos guerrilleros formados en la antigua retórica marxista que privilegiaba la lucha de clases frente a las diferencias étnicas. De hecho, Marcos sólo modificará su discurso para concederle una relevancia fundamental al sustrato indígena del EZLN una vez que la opinión pública muestre un interés creciente por este asunto.

En resumen, la Declaración de la Selva Lacandona es ante todo una elegante y muy convincente obra de ficción. Desde sus primeras líneas, Marcos se muestra decidido a imponerle su mundo imaginario al resto del país. Casi todas las consignas contenidas en su texto son meras provocaciones o mentiras deliberadas: pese a sus invocaciones a la ley y a la Constitución, el subcomandante sólo busca justificarse; su deseo de recibir la condición de fuerza beligerante es un simple desafío; su declaración de guerra al Ejército Federal no goza de ninguna validez; sus amenazas de llegar al Zócalo de la ciudad de México son meras baladronadas… ¿Cómo fraguar una estrategia guerrillera basada en meros golpes de efecto? ¿Cómo es posible que el EZLN sobreviva cuando la distancia entre sus declaraciones y su fuerza real resulta tan desproporcionada?

Si Marcos es uno de los grandes líderes de finales del siglo XX, se debe a su talento para convertir sus flaquezas en sus puntos fuertes. Consiente de sus limitaciones –de la escasa preparación de sus tropas, de su falta de armamento, de la pobreza de sus milicianos-, el subcomandante intuye desde el inicio que sus mejores armas son las palabras. Sólo si consigue convencer a la opinión pública de la justicia de sus demandas y del carácter desigual de su combate –unos cuantos campesinos mal armados que se oponen a uno de los últimos regímenes autoritarios del mundo- logrará evitar una carnicería que de otra manera sería inevitable.”

Y habrá sido una verdadera guerra de palabras estos últimos veinte años durante los cuales la casi totalidad de los medios de comunicación intentaron rivalizar con la genialísima pluma de un “sub” que supo dar resonancia a la voz de todos los indígenas en resistencia con humor y inteligencia, legitimando su lucha e instaurando un dialogo entre ellos, el gobierno, la élite intelectual y toda la sociedad civil mexicana. Sin embargo, fueron también doce días de guerra con armas reales, una guerra fugaz aunque mortal que resultó ser una verdadera demostración de fuerza, de dignidad y de determinación indígena y que permitió la expropiación de muchos latifundios, propiedades de los grandes terratenientes del Estado chiapaneco, propulsando así 38 territorios hacia su auto-determinación dentro de los recién creados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas. Sin el alzamiento del EZLN, que vino a ejercer el derecho a la violencia legítima frente a la violencia de arriba, no hubiera sido posible la construcción y fortalecimiento de los sujetos autonómicos que siguen todavía mandando-obedeciendo (su manera de gobernar) dentro de los tres niveles del gobierno zapatista (comunidades, municipios, juntas de buen gobierno).

Contrariamente a lo que se puede escuchar, esta guerra no acabó del todo en enero del año 1994 sino que siguieron por lo menos seis largos años de contrainsurgencia por parte del Estado represor, entre 1995 y 2001, años caracterizados por la militarización de toda la zona de conflicto, la creación de las asesinas milicias paramilitares, la detención de observadores mexicanos, la expulsión de observadores extranjeros, sin olvidar los 1400 desplazados y los más de 100 asesinados. Una guerra invisible que culminó con la trágica matanza de Acteal respaldada por las fuerzas estatales, un crimen de Estado que sigue impune. El movimiento necesitó captar la atención y, en su búsqueda de apoyos nacionales e internacionales, logró generar conciencia más allá de las fronteras gracias a la organización de acciones espectaculares y creativas de las cuales recordaremos la Convención Nacional Democrática (CND) orgullosamente erigida en medio de la selva de Aguas Calientes el mismo año del alzamiento armado, la gran Marcha “El Color de la Tierra” que salió de Chiapas en 2001 en dirección de la capital y la famosa Otra Campaña, propuesta zapatista frente a las elecciones presidenciales de 2006.

Lejos de las cámaras y paso por paso, el movimiento logró una de sus principales batallas: la auto-gobernación sin partidos ni profesionales de la política, única vía para poder construir la autonomía (alimentaria, educativa, sanitaria, securitaria…), mientras lo que quedará como una gran botarga escondida detrás de varios personajes (todos frutos de la imaginación literaria y del talento verbal y escénico del “sub”, pienso en Don Durito, el Viejo Antonio, el Gato-Perro…), desviaba la atención general hacia un Chiapas imaginario para luchar contra el Chiapas real. Casi 100.000 zapatistas repartidos en miles de comunidades y reagrupados en municipios y zonas autónomas aprendían a coordinarse alrededor de los cincos “Caracoles” (la Garrucha, Morelia, la Realidad, Roberto Barrios y Oventic), territorios dentro de los cuales se encuentran las Juntas del Buen Gobierno (JBG), el órgano más alto en el sistema zapatista de toma de decisión colectiva y resolución de conflictos.

Un “buen gobierno” en oposición al “mal gobierno” quien, sin hablar de sus actuaciones ilegítimas en el escenario político y mediático nacional, multiplica las acciones subterráneas aquí en Chiapas para generar la discordia y el terror. El organismo de defensa de los derechos humanos Frey Ba informa que “a la fecha siguen apareciendo diferentes signos de la conflictividad en la zona que bajo el sustento y silencio de las autoridades políticas han tenido un incremento sustancial. Las acciones de hostigamiento a las poblaciones de apoyo por parte de grupos afines a los agentes políticos tradicionales en el poder; la continua aparición de grupos paramilitares; la continua presencia, invasión y hostigamiento por miembros de las fuerzas armadas y grupos policiales a la población civil de apoyo y su territorio; el incremento focalizado en la zona de conflicto de programas de cofinanciamiento de corte liberal individualista por parte de organizaciones relacionadas al gobierno que buscan la privatización y fragmentación comunitaria; la distribución desmedida de alcohol por parte de agentes políticos; el crecimiento de la prostitución por la presencia militar; son parte de las nuevas armas desplegadas por el gobierno en esa guerra asimétrica también nombrada de “contrainsurgencia”.

Una de las características más preocupante de esta guerra de baja intensidad es la conversión de organizaciones populares o campesinas locales en grupos paramilitares pagados, armados y entrenados por el gobierno para realizar su trabajo sucio. Es entonces en el terreno ideológico que se sigue matando a zapatistas con la mezquina fomentación de profundos conflictos sociales dentro de las comunidades que, además de enfrentar pobres contra pobres, tienen como objetivo principal desacreditar el movimiento e provocar la intervención del ejercito mexicano para “pacificar” la zona, a sangre y fuego obviamente. Estas guerras fratricidas enfrentan nuevos “partidistas” (pro-partidos) ex-compañeros de lucha contra sus vecinos campesinos rebeldes (zapatistas) que son muchas veces de las mismas familias. Robos, cortes de luz, acoso psicológico, verbal y hasta físico con agresiones sistemáticas y muertes selectivas, es la realidad que se está viviendo en muchas de estas comunidades.

El recuento de mi primer contacto con dichas comunidades, en el caracol Roberto Barrios, ilustra muy bien el desastroso efecto que pueden lograr estas estrategias malignas sobre la difícil organización comunitaria y la imagen que proyectan hacia afuera. Andaba todavía por Palenque cuando decidí ir inocentemente al encuentro de estos enigmáticos indígenas autónomos, pero el silencio que les caracteriza y sus puertas que quedaron cerradas me dejaron muy desilusionado. No hubo ni posibilidad de entrar para visitar su aldea auto-gestionada, ni manera de dialogar con el grupo de adolescentes sentados en frente del supuesto Oficio de Información. Se quedaron callados frente nuestras preguntas y no pudimos saber cuándo volver ni con quien hablar. Más bien, parecían reírse de nuestras pintas de turistas perdidos en la selva. Tengo que admitir que mi amigo de Marsella es todo un estereotipo de la gente originaria de esta región de Francia y este día parecía más vestido para venir a disfrutar de las enormes cascadas que se encuentran más abajo que para entrevistarse con estos atípicos revolucionarios.

Guardamos nuestra calma y empezamos a caminar hacia las cascadas, nuestra secunda opción del día, para encontrarnos con tiendas publicitando los varios refrescos propiedad de la Coca-Cola, eso justo al lado de murales anticapitalistas criticando la famosa botella negra. Además, esas mismas tiendas vendían alcohol cuando el movimiento tiene posiciones muy claras en contra de esta droga. En el camino, una horda de niños intentó sacarnos dinero por todos los medios posibles (aprendí el día siguiente que lograron robar la cámara de otro amigo) y al llegar a las cascadas, un señor con una camiseta del PRD (Partido de la Revolución Democrática) nos quiso cobrar el acceso al río. Era demasiado y no pude evitar de entrar en una discusión con este hombre y sus guarda-espalda, expresando mi indignación frente tanta incoherencia. Mi discurso en contra del dinero y de la mercantilización de los recursos naturales no parecía interesarle y solo balbuceaba tonterías sobre el gobierno que iba un día o el otro cobrar igualmente a la gente que se quieren bañar, según él más carro aún…

Hablando luego con un amigo que trabajó varios años en una cooperativa zapatista de café dentro de esta misma zona, entendí que no todos los residentes de dichos ejidos son zapatistas, que los pocos zapatistas que quedan allí no están en favor de la venta de alcohol, ni del negocio que se hace con las cascadas, ni del hecho de que cada vez más de sus residentes aceptan el destrozo de sus terrenos para vender piedras a las grandes compañías, contribuyendo así al fraccionamiento parcelar de la comunidad y a la falta de cohesión en su resistencia. Sin embargo, no quieren más guerras y afirman que cada uno tiene que hacer su propio camino y aprender de sus errores. Mi amigo me describió también el clima de tensión extrema en el cual estas poblaciones tienen que vivir, los ataques que reciben diariamente, las intrusiones violentas de matones o ladrones y las maniobras del gobierno en asociación con empresas e instituciones financieras para dividir la organización.

Por eso me encontré con puertas cerradas y por eso tampoco son tiempos ni de “caravanas europeas” ni de propuestas de talleres o de documentales. El “sub” ya lo comentó en su Sexta Declaración de la Selva Lacandona, pidiendo disculpas hacia la comunidad internacional y sus buenas intenciones. Los zapatistas tenían mucho trabajo que concretizar y comunidades que defender por lo que se iban a cerrar al público concentrando sus esfuerzos pedagógicos a través de la Escuelita Zapatista, este espacio de encuentro abierto a los simpatizantes que quieren aprender de la ideología del movimiento y vivir durante una semana la “experiencia zapatista” conviviendo intimamente con una familia indígena. Este proyecto ha sido tan exitoso que no hubo sitio para mí cuando llegue por la ocasión en enero. Recibieron 2500 alumnos en la sesión de diciembre y 2500 más en enero así que programaron dos sesiones adicionales para agosto y septiembre del año que viene.

Hace un mes, dentro del caracol La Realidad, en reacción a la muerte del compañero Galeano emboscado por partidistas a la orden del supremo paramilitar Peña Nieto, el “sub” anunció la suspensión provisoria del peligroso Congreso Nacional Indígena programado para el fin del mes y durante el cual comunidades de todo el país iban a compartir sus experiencias personales y decidir sobre estrategias de lucha común. Se suspendieron también las próximas sesiones de la Escuelita en las cuales iba a participar el “compa” Galeano como profesor. Tendré que esperar unos meses más para poder  beneficiar de este gran proyecto de formación política.

Durante el homenaje al compa Galeano, el “sub” se burló de la muerte, un deporte nacional mexicano, anunciando su propia desaparición para devolver la vida al difunto compa e iniciar, por la misma ocasión, una nueva etapa para un movimiento que “no se ha debilitado, mucho menos desaparecido, sino que ha crecido cuantitativa y cualitativamente” nos afirmó el subcomediente disfrazado de pirata esta triste noche. “Ha habido un relevo múltiple y complejo, no solo generacional sino del origen clase mediero ilustrado al indígena campesino, del vanguardismo revolucionario al mandar obedeciendo”. Efectivamente y como lo comentó durante este último discurso (quizás su mejor obra) como portavoz del EZLN respondiendo al nombre de Marcos: “En lugar de dedicarnos a formar guerrilleros y escuadrones, preparamos promotores de educación y de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo. En lugar de construir cuarteles, mejorar nuestro armamiento, levantar muros y trincheras, se levantaron escuelas, se construyeron hospitales y centros de salud, mejoramos nuestras condiciones de vida.” Recomiendo la lectura de este genial discurso a cualquiera que desea captar el genio tanto de su autor como del movimiento que representa.

Bien largo es el camino hacia la utopía por lo que uno de los lemas favoritos de los zapatistas explica que “van lento porque van lejos”. Lo cierto es que vienen de muy lejos, de la explotación y miseria economico-social, del analfabetismo, del trabajo infantil, de la sumisión de la mujer, del patriarcalismo y del dogma evangelista, de carencias alimentarias o en su medicina. La batalla de la autonomía no se ganó en 1994 y había que desviar la atención mediática mientras estos campesinos se emancipaban de su trágico y pesado pasado a paso de hormiguita. Por eso también “todas las comunidades están completamente cerradas al público y solo entran gente con una autorización oficial, que viene de arriba” de acuerdo con lo que me explicó el señor de Roberto Barrios con su camiseta del PRD.

Sin embargo, existen por lo menos dos balnearios autónomos en la zona Tzotz Choj: el balneario El Salvador, ubicado en la comunidad de Agua Clara, en la carretera Ocosingo-Palenque, y el balneario Tzaconeja, en la carretera Comitán-Altamirano. Estos hermosos lugares abiertos al público se encuentran en tierras recuperadas por el EZLN y son gestionados por bases de apoyo zapatistas (BAEZLN), las comunidades campesinas e indígenas que apoyan a los zapatistas, especialmente en su resistencia contra los mega-proyectos del mal gobierno y de las grandes empresas que quieren apoderarse de los recursos nacionales. Estos proyectos productivos, como parte del llamado “eco-turismo”, miran a sostener el proceso de autonomía de las comunidades zapatistas, garantizando que los ingresos generados por estos balnearios beneficien a toda la organización autónoma, o sea a miles de familias que aportan a la gestión de estos lugares a través de trabajos colectivos y rotativos. Pienso pasar a visitarles algún día como eco-turista responsable que apoya al movimiento y quizás platicar con ellos sobre su noble lucha, pero de momento no es exactamente el tipo de experiencia que estoy buscando. Para lograr entender cómo funciona este movimiento y las motivaciones que mantienen a sus miembros en resistencia desde tantos años, también para poder escribir estas líneas con más justeza posible, tengo que pensar como un indígena zapatista; y para poder pensar así tengo que vivir desde adentro la realidad de estos campesinos rebeldes.

Por estar ubicado muy cerca de la turística ciudad de San Cristóbal, el caracol Oventic abre sus puertas al público, cada miercoles me parece, lo que lo convierte en una destinación obligatoria para cualquier activista que pasa por la zona. Sin embargo, todos mis amigos que regresaron de allí salieron muy desilusionados y, a veces, muy enojados. Según varios testimonios, parece que los residentes de esta comunidad se pelean para no ir de guías, que las visitas se realizan de manera exprés, casi corriendo hasta las tiendas de artesanía sin poder pararse, tomar fotos ni hablar con los habitantes locales. Los guías no responden a ninguna de las preguntas que se les hace y, si puedo entender ahora estos tipos de comportamientos, no es para nada el tipo de encuentro que quiero tener con estas comunidades. Se organizan también allí unas semanas de formación oficialmente al idioma Español pero que se parecen finalmente más al proyecto de Escuelita. Sin embargo, el costo es de 2500 pesos para la participación y mi pobre presupuesto no me lo permite todavía. Este caracol es también famoso por ser el teatro de las fiestotas que se organizan tradicionalmente durante el fin de año para celebrar el cumpleaños del EZLN, o el 8 de agosto para el cumpleaños de las Juntas del Buen Gobierno y la creación de los caracoles.

Otra opción me proponen los dos italianos con quien comparto dormitorio. Su “plan” es de integrar una comunidad como observadores internacionales a través del programa de Brigadas Civiles de Observación (BRICOS) del Instituto Frey Bartolomé. Estas pequeñas unidades mayoritariamente compuestas de extranjeros acompañan a las comunidades “compartiendo sus miedos y preocupaciones, siendo testigos de la presencia de grupos policíacos, militares y/o paramilitares y documentando antes posibles violaciones a derechos humanos”, nos dice el manual para observadores. “Hacia las comunidades, produce un sentido de compañía, permitiéndoles ver que no están solas y olvidadas, pues el acompañamiento es la solidaridad de cientos de hombres y mujeres que les apoyan”. Este programa permite también a los observadores “aprender de la esperanza en los valores comunitarios de justicia y dignidad de los pueblos indígenas que luchan por sus derechos” conviviendo dos semanas dentro de las comunidades.

Este manual insista mucho sobre el criterio de “no-intervención” que los observadores tienen que respetar siempre, especialmente durante las tomas de decisiones y acciones realizadas por los pueblos anfitriones. Durante el taller de capacitación que seguimos antes de integrar las comunidades, el instructor vuelve a insistir sobre la neutralidad política de la cual no nos podremos salir una vez allí, limitándonos a nuestro papel de observador y guardándonos de ofrecer cualquier tipo de servicio hacia los “compas”. Eso me va a resultar difícil tal como me conozco, aún habiendo trabajado dentro de estructuras más verticales e ya puedo imaginar también el tipo de situaciones críticas a las cuales se tienen que enfrentar algunas de estas comunidades, a veces con muy pocos recursos en sus manos y poca comunicación con el exterior (a parte de los observadores). ¿Cómo no palpar esta angustia que suena a veces a desesperación a la hora de contar su situación, y cómo no responder frente a ello? Sin embargo, son ellos mismos los sujetos de este épico experimento revolucionario y se entiende que la intrusión de ideas y maniobras externas, por muy bien intencionadas que sean, puede representar un peligro de manipulación totalmente incontrolable, además de obstruir el necesario trabajo de aprendizaje autonómico.

Durante estas semanas de investigación, he podido sentirme a veces en conflicto con algunas estrategias utilizadas por el Movimiento Zapatista, también sé perfectamente que mi opinión no puede ser escuchada por este movimiento y menos tomada en cuenta. Llegó un momento en el cual todo eso me pareció muy lejano y sentí que, justamente por eso, nunca me podría considerar como “zapatista”. Vengo de muchos años de participación en movimientos europeos pro-democracia directa generalmente muy atentos a las cuestiones de inclusividad, transparencia y horizontalidad, movimientos muy dinámicos por ofrecer a cualquiera un igual poder de acción y de decisión, por lo tanto, se me hizo difícil aceptar una situación tan diferente cuando esperaba encontrar estos valores primordiales para mí en la Escuelita o en las asambleas. Todos somos emisores y receptores de información, vectores de conocimiento y de energía, y todos tenemos que aprender de todos. Los zapatistas me pueden enseñar muchas cosas que a continuación podré luego difundir a lo largo de mi camino pero seguro que muchas de mis experiencias al internacional pueden también ayudar a la “causa”. Sin embargo, me doy rápidamente cuenta de que no soy de aquí y que todavía tengo mucho que aprender de esta realidad para poder opinar y actuar. Entenderé luego que para pretender ser zapatista hay que empezar por ser campesino, trabajar la tierra cada día, y estoy lejos de eso. Tengo muchas expectativas acerca de estos encuentros con las comunidades y me inspiran ya muchas ideas y propuestas pero no voy allí para eso sino como observador neutral y pasivo. Bueno… eso si logro sacarme una “carta de recomendación”.

De todos los que seguimos el taller de preparación para observadores, solo uno tiene la carta necesaria para poder arrancar el proceso. Por un obvio tema de confianza, esas cartas pueden ser firmadas unicamente por organizaciones reconocidas por el EZLN, más que nada para que estas ONGs respalden realmente a los observadores y se comprometen en caso de posible incidente. La que tiene en sus manos nuestro amigo italiano viene de una ONG de su país que se dedica a formar voluntarios especialmente para este tipo de misiones. Otros amigos franceses sacaron tres recomendaciones de un golpe solo porque uno de ellos tiene una noviecita mexicana que tuvo la buena charla con la persona adecuada. “Sabes Dany, aquí en México las cosas funcionan así, nos apoyamos mucho entre mexicanos” me dice preciosamente con una gran sonrisa. Llegan momentos en los cuales lo veo todo tan absurdo que empiezo a desesperarme. Esta indignación compartida es de las primeras cosas que me acercan a mi gran amigo Ago, que explotó literalmente cuando aprendí que una amiga suya se había escrito su carta ella misma…

Otro conocido nos comenta lo de la asociación SYJAC que trabaja con comunidades indígenas en los alrededores de San Cristóbal y que tiene un centro social en los barrios del norte donde unos pocos voluntarios cuidan a muchos niños durante todo el día. Podemos echarles una mano y ellos recomendarnos a continuación. El intercambio nos parece mucho más coherente por lo que corremos rápidamente a proponer nuestros servicios. El encuentro se realiza de manera muy bonita con el resto del personal y los niños nos encantan en un segundo. El centro tiene pocos recursos pero dan de comer a unos veinte niños cada día lo que ya es mucho. Intentan enseñarles cositas o más bien entretenerles con jueguitos pero nos damos rápidamente cuenta de que no disponen de ningún programa educacional alternativo como lo esperábamos y que algunos de los voluntarios carecen de formación pedagógica y de habilidades con los niños. El día siguiente, lo pasamos enteramente allí, un poco aburridos por el formalismo de las actividades y el autoritarismo tradicional empleado con los niños.

Tenemos la posibilidad de organizar talleres y pienso rápidamente en una asamblea libertaria de niños para intentar sensibilizarles a temáticas relacionadas con el concepto de libertad, tales como la ley y la autoridad, el gobierno y la democracia, la propiedad privada o la mujer libre, a través la simplificación de los conceptos y la facilitación del debate. Puedo apoyarme con materiales adaptados a los niños del estilo de La Historia de las Cosas o de Las Aventuras de Nono. Invitándoles a tomar la palabra, confrontar sus ideas con los demás, construir y sofisticar sus primeros pensamientos, esta actividad les puede proporcionar también la metodología asamblearia, herramienta central y ancestral para poder lograr la auto-gobernación en sus futuras vidas comunitarias. Este proyecto, lo pensé para las comunidades zapatistas como muchos más, pero ya dejé de ilusionarme al respeto. En paralela a esta actividad, me lanzo con mi recién amigo Ago en la organización de una mega-fiesta de fundrising con el fin de dar a conocer el SYJAC, crear enlaces con más colectivos colaboradores del evento y recaudar fondos para la asociación. Aunque estos proyectos representan mucho trabajo, estos días de vuelta al activismo resultan muy excitantes sabiendo que cada uno de ellos me acerca a mi tan esperado encuentro con la realidad zapatista.

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